GENERAL - 03-07-2018

Consejos para evitar “El mañana lo hago”

“Dejar todo para mañana” no es solo un signo de desidia o de no saber qué hacer con el tiempo, implica también un desenfoque en la jerarquización de las tareas a realizar, si a los adultos nos cuesta hacer las cosas en el momento adecuado, ¿cómo no va a ser difícil para un adolescente? La actividad que se debe hacer se queda sin concretar porque otra se presenta más atractiva, más fácil, más satisfactoria, más urgente, más positiva.

Cuando un adolescente dice “Ya lo haré” no quiere decir que no lo quiera hacer, sino que algo más importante, para él, toma la delantera en la jerarquía de sus intereses.

Cambiando al “Ya lo haré” por ¿Cuándo?, ¿Cómo?, ¿Y dónde los harás?

Solo hay una forma de desafiar esa expresión y consiste en acotarla al máximo, se trata de no caer en la típica discusión:

– ¿Cuándo vas a limpiar tu cuarto?
– ¡Ahora!
– ¿Y cuándo es ahora?
– Pues, ahora, pero espera un momento.
– O sea que no es ahora.
– Sí, en cuanto acabe esto (un vídeo que está viendo, por ejemplo).
– Bueno, vengo después a ver si la has hecho.

El resultado suele ser que, al cabo de un rato, el cuarto sigue sucio y se vuelve a iniciar la conversación con las mismas palabras. Para no llegar a lo mismo, debemos provocar un compromiso, es decir, conseguir que nuestro hijo o hija se comprometa con lo que dice que va a hacer. Ese compromiso debe contener las máximas concreciones posibles: cuándo, cómo, dónde, con quién, etc, lo vas a hacer, porque, cuanto más abstracto es algo, más fácil es dejarlo para mañana.

Establecer jerarquía de interés

Es bueno que escriba lo que le interesa: amigos, salidas, estudios, música, familia, deporte y lo ordene jerárquicamente. Pueden ocurrir dos cosas: que el orden que ha establecido justifique dejarlo para mañana, lógicamente porque está al final del ranking, o que exista una incoherencia entre sus intereses y sus acciones, que también puede pasar.

En este caso, debemos hacerle ver la diferencia entre la coherencia y la funcionalidad. Se puede ser coherente y no funcional, es decir, que nuestra coherencia nos lleve a una situación no deseable, como es el caso de dejarlo todo para mañana. Si los estudios o el trabajo los colocamos al final del ranking, tendremos dos opciones: o hacer que suban para ser coherentes o ser incoherentes por la funcionalidad, ya que podemos vivir sin estudiar o trabajar.

Puede ocurrir también que nuestro hijo (a) esté acostumbrado (a) a que siempre lo ha tenido todo hecho, hemos acabado en hacerle la cama, recoger sus cosas, hacerle los deberes, ahora, resulta muy difícil conseguir que lo haga. Quizá no nos hemos dado cuenta de que toda ayuda innecesaria es una limitación y no hemos acertado con el ejemplo; no obstante, no está todo perdido, ya que siempre se puede recomenzar, es cuestión de tenerlo claro, de quererlo y de hacerlo desde una posición optimista.

Siempre se puede reiniciar: “A partir de ahora, las normas son éstas”. Lógicamente, es más fácil hacerlo a los 10 años que a los 15, pero se puede, es cuestión de combinar la exigencia con la flexibilidad y la determinación con el humor, así como estar convencidos de que es bueno para todos, y, sobre todo, para nuestros hijos.

Por supuesto, tener un horario ayuda mucho. Cuanto más le cuesta hacer las cosas, más detallado ha de ser su horario. No estamos encasillando su creatividad, sino encauzando su voluntad. Conforme vaya reforzándola iremos generalizando el horario, sin hacerlo desaparecer, pues todos necesitamos uno.

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