GENERAL - 03-07-2018

No juzguemos a nuestros hijos

Corregir es un arte. Un arte de compasión y empatía que nunca incorpora el verbo juzgar. Solo se corrige de verdad cuando ante un comportamiento erróneo, ayudamos a nuestros hijos a detectar por sí mismos el error e identificar sus necesidades y los animamos a buscar alternativas.

Cuando los juzgamos y criticamos desde una situación de superioridad, sin conectar con las necesidades que les han llevado a obrar así, solo conseguimos que ellos mismos se critiquen y que juzguen duramente a los demás, bloqueando la capacidad creativa de resolución de conflictos.

Nuestros hijos construyen durante los tres primeros años de vida su capacidad para la empatía, así como su tendencia a la estrechez emocional, en función de la atención que les procuraron sus apoderados.

Los niños que no vieron satisfechas sus necesidades emocionales son muy probables que no desarrollen la necesidad de ser sensibles a las necesidades emocionales de los demás.

Estamos rodeados de una sociedad competitiva, hedonista, muy dura y exigente con las personas. Se critica y se juzga el color del pelo, la altura, la talla del pantalón, lo que se dice, lo que no se dice, la cantidad de amigos, la intimidad.

Hoy más que nunca es necesario enseñar a nuestros hijos a ser compasivos, por eso, es imprescindible desarrollar habilidades cognitivas en ellos que les ayuda a no criticar sino a construir soluciones y opiniones filtradas que tienen en cuenta las necesidades de los demás.

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